“Predica el evangelio y muere olvidado”. El Conde Zinzendorf

Published on 07/28/17

Bruce Burkholder

¿Podemos reconocer la naturaleza insidiosa del orgullo? La Biblia identifica el orgullo como un factor principal en la rebelión de Satanás (“seré semejante al Altísimo”, Is. 14:14) y en la caída de Adán (“seréis como Dios”, Gn. 3:5). El orgullo es un impedimento común al evangelio mientras la humanidad se rebela contra la cruz y establece sistemas religiosas de esfuerzo humano y buenas obras (“la cruz es locura a los que se pierden”, 1 Co. 1:18). Pero el orgullo nos aflige a todos, aun a los creyentes maduros y ministros del evangelio. Estoy especialmente entristecido por mi lucha personal con el orgullo porque confieso mi deseo frecuente para adulación. Para mi vergüenza quiero ser reconocido como un buen misionero, un predicador elocuente y un líder exitoso en el ministerio. ¿Lucha usted también con estas emociones?

El Conde Nicolaus Zinzendorf nació en nobleza. El sistema feudal aún dominaba Austria temprano en el siglo dieciocho y la familia Zinzendorf era rica y poderosa políticamente, sin embargo el joven Nicolaus, a pesar de los ruegos de su familia, desdeñó la política para proseguir a una vida de piedad y servicio cristianos. Uno de sus primeros esfuerzos fue establecer una casa de publicaciones en Ebersdorf de donde se imprimieron Biblias, catequismos, himnarios y folletos evangélicos. (Confieso que esto me atrajo hacia él). Zinzendorf estableció una comunidad cristiana (Herrnhut) para ministrar a los refugiados religiosos de Moravia y Bohemia. Dicha comunidad llegó a ser un centro para misiones, mandando misioneros al Caribe, Groenlandia y Norte América. Dios usó a Nicolaus para apasionar a esos misioneros y equiparlos para una vida de servicio abnegada. Al hacerlo, Zinzendorf les animaba diciendo: “Predica el evangelio, y muere olvidado”.

Ese es un buen mensaje para nosotros hoy y un valioso correctivo para mi lucha contra el orgullo. Como ven, el ministerio no se trata del ascenso de uno a la prominencia religiosa. No tiene nada que ver con adulación pública o aun el reconocimiento de un trabajo bien hecho (aunque Dios promete cuidar de esos detalles allá en la Gloria). Más bien, el verdadero ministerio se enfoca en la proclamación abnegada del evangelio, la predicación sacrificial de Cristo a las naciones. Así que, ¿estamos dispuestos a servir en obscuridad, sin reconocimiento o adulación pública? El apóstol Pablo declaró lo mismo en Gálatas 6:14, “Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo”.

En respuesta al reto de Zinzendorf: “predica el evangelio y muere olvidado”, dos misioneros de Moravia, Johann Leonhard Dober y David Nitschmann, trataron de venderse a sí mismos como esclavos para que pudieran trabajar al lado de la comunidad cerrada y estrechamente unida de esclavos en el Caribe y testificar a ellos. Mientras que la ley prohibió que llegaran a ser esclavos, aquellos dos hombres se mudaron al Caribe, vivieron frugalmente y muy cerca de la comunidad de esclavos y predicaron fielmente el evangelio. Finalmente a través de sus esfuerzos y los de otros misioneros moravos, más de 13.000 llegaron a la fe en Cristo y, como resultado, iglesias fueron establecidas en siete islas.

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