Iberoamérica… ¿transformará el futuro del cristianismo?

Published on 07/18/17

Bruce Burkholder

El crecimiento explosivo del cristianismo en el hemisferio sur representa un factor principal en el análisis de Philiip Jenkins quien dice que “estamos atravesando actualmente uno de los momentos transformadores en la historia de la religión mundial”. Mientras que la historia provee evidencia coherente y sustancial del poder del evangelio que cambia la vida, pocas eras han experimentado un avance tan dramático del cristianismo como aquel que se está ocurriendo actualmente in Iberoamérica. Desde los 700.000 creyentes que se estimaron en 1900, la comunidad evangélica en esos países ha crecido a más de 91 millones hoy. Este crecimiento de evangélicos está esparcido uniformemente sobre la región de esta manera: 30% de la populación en Nicaragua, 25% en Guatemala, 19% en Chile y 27% en Brasil. Estos números refuerzan la afirmación de que el centro del cristianismo se ha desplazado hacia el sur.

Mientras que estas estadísticas deberían generar regocijo a través del mundo evangélico, se debe notar que la forma emergente del cristianismo en Iberoamérica es principalmente Pentecostal. En 2006 la Base de Datos del Mundo Cristiano (World Christian Database) reportó que el 73% de todos los protestantes de Iberoamérica eran Pentescostales. Asimismo, Philip Jenkins escribe que “desde la década de 1950 los Pentecostales han representado el 80 al 90 por ciento del crecimiento evangélico a través de la región”. De hecho, Iberoamérica es el hogar de tres de los siete países carismáticos más grandes mundialmente (Brasil, Guatemala y Chile). La inclinación latina para la expresión emocional, una mayor receptividad a realidades sobrenaturales, una mentalidad colectivista y una disposición a aceptar ambigüedad fomenta la rápida expansión del pentecostalismo a través de la región.

De todo ello se surgen preguntas en cuanto al impacto que tal crecimiento pueda tener sobre el cristianismo en conjunto. ¿Significará el desplazamiento geográfico del centro del cristianismo a Hispanoamérica y el hemisferio sur una transformación del cristianismo en el futuro?

El misiólogo escocés Andrew Walls ha escrito una crónica de la naturaleza serial de la historia cristiana. Escribe que, “la historia cristiana no es una progresión triunfante e inalterable. Es una historia de avance y recesión”. Mientras que Dios está edificando soberanamente su iglesia a través mundo, el cristianismo evangélico no tiene una tierra permanente. No existe un centro geográfico o cultural único del cual el cristianismo emana perpetuamente; al contrario, el cristianismo se conoce por su flujo y reflujo. Habiendo comenzado en Jerusalén, el centro del cristianismo pronto emigró a Asia Menor, luego a Roma, a Europa y finalmente a los Estados Unidos. Cada una de esas migraciones resultó en la recesión futura de la influencia del cristianismo en el antiguo sitio al mismo tiempo que fomentaba una transformación cultural del cristianismo en el nuevo lugar. En su libro, Globalizing Theology, el autor Harold Netland declara, “la teología, propiamente interpretada, en efecto trata con verdades inalterables reveladas por Dios, verdades que se aplican a toda la gente en todas las culturas”. Sigue diciendo que la teología como el estudio de Dios también es “una actividad y disciplina humanas, y así está sujeta a, y refleja las características de, aquellos que hacen la teología”. Él supone que siendo que el oeste ha ocupado la posición incuestionable como el centro del cristianismo por siglos, es solo natural que la definición teológica surgiera de esa zona. Sin embargo, mientras el centro del cristianismo se desplaza hacia el sur, uno también puede esperar un cambio en los participantes teológicos y las explicaciones resultantes del cristianismo. Andrew Walls escribe aun más audazmente, “Hoy, las señales sugieren cómo se verá el cristianismo del siglo veintidós, en su teología, su adoración, su efecto sobre la sociedad, su penetración de nuevas áreas, sea geográfica o culturalmente, dependerá de lo que sucede en el África, en Iberoamérica y en algunas partes de Asia”.

¿Transformará el futuro del cristianismo la iglesia latinoamericana creciente? Solo con el tiempo lo sabremos pero esta potencialidad sí subraya la importancia absoluta de una avanzada capacitación pastoral, el desarrollo de literatura que es doctrinalmente sana y el crecimiento de colaboración con nuestros hermanos latinoamericanos como principales componentes estratégicos en el cumplimiento de la Gran Comisión.

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