Lo Esencial del Evangelio, Parte 3

Published on 11/15/17

Gary Whipple

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Cerramos nuestra última discusión sobre lo esencial del Evangelio (parte 2) con la promesa de explicar la necesidad de abordar la afirmación falsa que muchos han sostenido en la búsqueda de la salvación.

A medida que echamos un vistazo a este tema al tratar con lo esencial del Evangelio, hay que reiterar dos hechos importantes. Uno, el hombre ha pecado contra el único Dios verdadero y viviente. De hecho, “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”, (Romanos 3:23). Dos, el hombre pecador está bajo la condena divina. Juan 3:18 dice: “El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios”. Todos los que persistan en su pecado serán condenados a vivir para siempre en la ausencia de Dios y todo lo que es bueno y santo.

Ahora llegamos al tema en cuestión. Uno de los mayores desafíos a los que nos enfrentamos al presentar el Evangelio a otros es la tarea de mostrarles de la Biblia que son totalmente incapaces de salvarse de su pecado. La mayoría de la gente piensa que son lo suficientemente buenos para entrar en el cielo o que deben hacer algo para satisfacer las justas demandas de Dios. Efesios 2:8, 9 declara, “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros; pues es don de Dios, no por obras, para que nadie se gloríe”. La frase “no por obras” tiene la comprensión de la salvación como no ser el resultado de nuestro hacer algo. Para algunos se referiría a su religiosidad, para otros su caridad, aun para otros su supuesta bondad, o incluso por “nuestra conformidad a los requisitos si de la ley o el Evangelio, CF. Romanos 1-4” (Testamento Griego Cambridge). Pero “no por obras” viene de “no de vosotros”, lo que significa que no hay nada que el hombre pueda hacer para procurar la salvación. Juan Calvino escribiendo sobre este pasaje en Efesios incluye, “Nada puede ser más claro que esto. Toda la justicia del hombre, que consiste en obras,-mejor dicho, todo el hombre, y todo lo que él puede llamar a los suyos, queda sin efecto”.

Como un buen amigo y compañero misionero Stanley Templeton recientemente compartió, “Es sólo difícil para una persona para comprender la manera de Dios de redimir a nosotros. Es natural e inherente pensar que tenemos que hacer algo para compensar lo que hemos hecho. Confiar en la obra de Cristo en la Cruz y en las buenas obras al mismo tiempo no es un fideicomiso que salva a una persona de la condenación”.

Debemos ser claros en este punto, especialmente con aquellos que creen en una salvación por obras. ¿Qué nos muestra Romanos 11:6?, “Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia”. Nos muestra que la gracia y las obras son mutuamente excluyentes; tiene que ser uno u otro. Buenas obras, (¡si una persona fuera capaz de hacerlas!), no puede borrar el pasado. Los pecados cometidos antes permanecerán a pesar de que alguien ha “hecho algo bueno”. Dios no quiere que el pecador traiga sus obras “buenas” a él, sino más bien sus pecados para que la salvación se pueda dar como un don gratuito. Y siendo un don, no puede ser ganado o merecido; de lo contrario, ya no sería un regalo.

Si no por obras, entonces, ¿cómo se salva una persona? ¿Cómo lidiamos con nuestro dilema ante un Dios Santo y justo? Sólo hay una respuesta. Vamos a revelar esa respuesta en el futuro.