Three biblical answers to the question of suffering

Published on 10/10/17

Bruce Burkholder

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The death and devastation wrought in Mexico by the recent earthquake and the destruction throughout the Caribbean Islands caused by Hurricanes Irma and María reminds us that suffering is part of the human existence. Adam’s disobedience in the Garden of Eden plunged the human race into sin, sorrow, and death. As the Apostle Paul wrote in Romans 5:12, “as by one man sin entered into the world, and death by sin; and so death passed upon all men, for that all have sinned.” Now thousands of years later, the earth is still groaning under the weight of man’s sin.

Groanings, like the Mexican earthquake and Hurricane Irma, elicit questions in the heart of believers and unbelievers. Where is God? How can a good and omnipotent God allow such suffering? Is suffering part of God’s plan? These questions provide the believer with excellent opportunities to express the Christian worldview and to share the good news of the Gospel.

Pastor Tim Keller’s excellent book, Walking with God through Pain and Suffering (not yet available in Spanish), provides an excellent answer to the questions of human suffering. He references three biblical themes as foundational to a compassionate and correct response.

1. Creation and the Fall

At the completion of creation God described everything that he had created as “very good” (Ge. 1:31). Creation reflected the beauty and glory of God in every aspect. There was no suffering or death. Suffering was not a part of God’s original design. However, as a result of mankind’s disobedience, God responded in justice – “the wages of sin is death” (Ro. 6:23).

Keller writes, “When we stand back and consider the premise – that God owes us a good life – it is clearly unwarranted. If we look at the biblical standards for our behavior – the Golden Rule, the Ten Commandments, and the Sermon on the Mount – and then consider humanity’s record against those norms… it may occur to us that the real puzzle is this: Why, in the light of our behavior as a human race, does God allow so much happiness? The teaching of creation and the fall removes self-pity…it strengthens the soul, preparing it to be unsurprised when life is hard” (p. 114, 115).

2. The Incarnation

While calamitous events induce reflections on God’s power and transcendence, they must be balanced by reminders of his grace and compassion. Christ, the second-person of the Godhead and Lord over all creation, voluntarily entered humanity to suffer with us. He experienced human weakness, hunger, and thirst. He suffered firsthand rejection, betrayal, poverty, and abuse.

Keller writes, “It cannot be that he does not love us. It cannot be that he does not care. He is so committed to our ultimate happiness that he was willing to plunge into the greatest depths of suffering himself. He understands us, he has been there, and he assures us that he has a plan to eventually wipe away every tear.”

Even more, Christ experienced the worst human pain and suffering imaginable. He bore our sins on the cross, dying in our place. As the Apostle John writes, “Greater love hath no man than this that he lay down his life for his friends.”

3. The Resurrection

Of all human worldviews, Christianity is unique in providing hope for all. Christianity offers promise of a better life, a glorious future. This hope finds its anchor in Christ’s resurrection from the dead. As Paul writes, “If in this life only we have hope in Christ, we are of all men most miserable” (1 Co. 15:19). Christ’s resurrection demonstrates his power over sin and death. He is life and those who have placed their faith and trust in him are promised an eternity in his presence.

Keller writes, “The resurrection of the body means that we do not merely receive a consolation for the life we have lost but a restoration of it. We not only get the bodies and lives we had but the bodies and lives we wished for but had never before received. We get a glorious, perfect, unimaginable rich life in a renewed material world.”

While the circumstances of this life are often dire, and we regret to say that they may even get worse. There is hope in Christ. The Christian worldview and the Gospel provide hope in the middle of despair. Let’s be bold in proclaiming God’s goodness to those around us who are hurting.

El Futuro de su Iglesia se Encuentra en la Guardería

Published on 10/06/17

Cynthia Castillo

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“Muchas personas suponen que alumnos se pierden (se apartan de la fe) en la universidad… pero la verdad es que solo el 11% de aquellos que dejaron la iglesia todavía asistían durante sus años en la universidad. Casi el 90% de ellos se perdió en la escuela secundaria o preparatoria. Para cuando llegaron a la universidad ¡ya habían apatado de la fe! Aproximadamente un 40% deja de asistir a la iglesia durante los años de primaria y secundaria”. Ken Ham

Considere estas estadísticas tomadas del libro, Already Gone (Ya se han apartado). Entre aquellos que ya no creen que todos los relatos e historias en la Biblia sean verídicos: 39% tuvo sus primeras dudas en la escuela secundaria 43.7% tuvo sus primeras dudas en la preparatoria 10.6% tuvo sus dudas durante sus años en la universidad. El señor Ham escribe que “las dudas llegan primero, seguidas en breve por el abandono. Los alumnos no empiezan a dudar estando en la universidad, simplemente se desvían mediante la universidad… más de la mitad de esos jóvenes se había perdido antes de que entrara en la escuela preparatoria!”

El futuro de la iglesia local y, de hecho, de la Iglesia como uno todo, depende de la trasmisión eficaz del Evangelio de una generación a la próxima. Los maestros de escuela dominical, desde la guardería hasta el grupo de jóvenes, son vitales a este proceso. Los maestros de escuela dominical sirven como instrumentos de Dios, encomendados con la tarea de comunicar el mensaje de Cristo claramente a sus alumnos. Mientras que la convicción de pecado y el llamado a la salvación son obras del Espíritu, Dios ha encomendado la tarea de la proclamación del Evangelio a los padres de familia y los maestros de la escuela dominical dentro de la iglesia local.

¿Cuándo se debe empezar dicha instrucción? La instrucción del Evangelio debe empezar en la etapa más temprana de la habilidad de la persona para entender. Con tan poco tiempo para transmitir la verdad del evangelio, la iglesia simplemente no puede aplazarlo hasta la adolescencia o cuando los jóvenes estén en la universidad. La semilla del Evangelio debe ser plantada ¡aun en la guardería!

Es fácil considerar la guardería y los ministerios de la escuela dominical como necesidades prácticas, un lugar de dejar a los niños para que los adultos puedan, sin distracción, escuchar la predicación de la Palabra de Dios. Esencialmente, a menudo, la guardería y los ministerios para niños se consideran apenas un lugar para entretener a lo niños. Con eso en mente, no es extraño entrar la guardería y ver a los niños jugando mientras que las que se encargan de ellos estén hablando de los eventos de la semana. Mientras que el juego es esencial al desarrollo del niño y el compañerismo es vital al andar en la fe del creyente, estas actividades no son tan importantes comparadas con el hecho de presentar a los pequeños al Dios quien los creó, los ama y que, en última instancia, tiene un propósito para ellos.

Niños pequeños sí pueden entender que Dios los creó, que él hizo sus dedos, sus manos, sus ojos, sus mamás, sus papás, los árboles hermosos, flores, nubes y animales. Sí se les puede enseñar que él hizo todas esas cosas a causa de su gran amor por cada uno de ellos. La enseñanza básica del amor de Dios pondrá el fundamento para la enseñanza futura del amor que él demostró al enviar a su Hijo para morir en la cruz por ellos.

Mientras que la enseñanza debería empezar tan temprano como la edad de 1-2 años, dependiendo del desarrollo individual de niño, será a la edad de 2-3 que el aprendizaje real empieza a tomar lugar. Aun a esa edad tierna, solo le quedan 7-8 años para que el Evangelio tome raíz en su corazón y establezca en ellos aquella Verdad, para que crezcan a ser adultos que sean sanos doctrinalmente con la habilidad de discernir la verdad del error.

La iglesia no debe esperar hasta que el grupo de jóvenes empiece a enseñar a los jóvenes a discernir. Y lo que es más importante, aun, no podemos esperar hasta que sean jóvenes, porque para entonces mucho de lo que creen ya ha sido formado. Mientras que no es imposible cambiar su manera de pensar, es muy difícil. Tenemos la oportunidad de criar una generación de guerreros para Cristo si estamos dispuestos a hacer el trabajo, pero el tiempo es ahora. Si decidimos aplazarlo, lo que nos espera es un largo camino de ministerio de recuperación.

A continuación hay algunas cosas que considerar:

1. Se necesita un plan de cómo alcanzar y enseñar a niños eficazmente.

2. Los obreros no se deben elegir a base de la necesidad, sin por compromiso. Es imperativo que ellos piensen en la razón por la que están involucrados en la enseñanza de niños.

3. La enseñanza debe considerarse una oportunidad para servir y no un oficio, siguiendo el ejemplo de Cristo (Mateo 20:28).

4. Los maestros se deben comprometer a la enseñanza de la Palabra de Dios, no solamente en el aula de clases, sino mediante sus vidas. Esto solo puede ocurrir si viven la verdad que enseñan.

5. Es imperativo conocer cómo un niño aprende en esas etapas tempranas para que la enseñanza sea efectiva.

6. El material que se usa tiene que ser sano doctrinalmente y enfocado en Dios.

7. Dios tiene que ser exaltado en cada lección para que el alumno vea la grandeza de él y desee seguirlo.

8. Los maestros tienen que estar dispuestos a estudiar y preparar la lección

9. Empezando con el ministerio en la guardería, la enseñanza debe ser la prioridad, no la de ser niñeras.

10. Los padres y otros adultos deben tomar en cuenta la parte que ellos tienen en la enseñanza mediante su vida diaria (aunque que eso ya se mencionó, vale la repetición).

11. Es necesario la oportunidad continua de proveer maestros con la capacitación necesaria para ser maestros eficaces.

12. Los padres de familia y los maestros deben comprometerse a orar por sus jóvenes.

Si usted quiere saber hacia dónde se dirige su iglesia hoy, pase algún tiempo en la guardería. ¿Qué se está enseñando? ¿Cómo se está enseñando? ¿Es exaltado Dios? ¿Está siendo proclamado el Evangelio? Aquellos pequeños que gatean sobre el piso serán los líderes espirituales del mañana. ¿Serán equipados para liderar eficazmente?

Lo Esencial del Evangelio, Parte 2

Published on 09/22/17

Gary Whipple

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Me gustaría hablar sobre el tema que recibe poco énfasis en la proclamación del evangelio. Ese tema trata del estado y condición del hombre natural y la condenación que le aguarda. Uno podría estar tentado a tomar ligeramente el concepto de pecado y creer que un “Dios de amor” seguramente lo pasaría por alto. Permítanme utilizar una frase de Pablo acerca de esto, “¡En ninguna manera!” (Romanos 3:5-6). Es decir, ¡No lo pienses!

Necesito comenzar abordando el tema de dónde vino el hombre. *Floyd H. Barackman escribiendo sobre la doctrina de Antropología dice: “La Biblia nos da información exclusiva y confiable no sólo sobre Dios sino también sobre nosotros mismos. Ignorando esta revelación, la opinión científica moderna considera al hombre como un tipo más alto de animal, que ha evolucionado a su forma actual durante muchos años. Pero los hechos del origen, la naturaleza y el destino del hombre no pueden ser conocidos aparte de lo que Dios ha revelado en su Palabra”. Creado a su imagen, el hombre refleja dentro de su naturaleza humana esa entidad personal única que encontramos en Dios de ser una persona (Malaquías 2:10). Ser una creación personal directo de Dios le hace al hombre responsable ante él.

Cuando el primer hombre “sobrepasó los límites que Dios estableció, él se volvió culpable” (Santiago 2:10) y se convirtió en un rebelde y ofensor de la infinita santidad de Dios. Por la ofensa de Adán (el pecado), toda la humanidad ha sido colocada bajo la misma condición de ser pecador. Por lo tanto, teológicamente hablando (según I Corintios 2:14) el hombre natural es aquella persona perdida que “… no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente”. En este sentido, el Sr. Barackman nos dice: “Mientras ellos siguen siendo criaturas humanas y son propiedad de Dios (Salmo 24:1); personas no salvas son producto de Satanás (Juan 8:44) porque su actual condición pecaminosa caída (física, sicológica y espiritual) es el resultado de su actividad engañosa (de Satanás, Génesis 3:1-6; Efesios 2:1-2; Juan 8:44)”. La muerte mencionado en Efesios 2:1 es la condición que describe a aquellos que a pesar que tienen vida física están separados de Dios.

Pero como se ha demostrado, la santidad de Dios que revela el pecado por lo que es, también decreta que el pecado tiene que ser castigado. Cuando Ezequiel 18:20 “El alma que pecare, esa morirá…” y Nahum1:3 “(Dios) no tendrá por inocente al culpable”, se leen junto a Santiago 2:10 la única conclusión a la que se llega es que los culpables serán castigados. Aunque suene duro, este es el mensaje que debe ser declarado. El Pastor Paul Blasko dando su comentario sobre Juan 3:36 nos dijo enfáticamente que, “El juicio divino descansa sobre todas las personas no salvas debido a su pecado”. Esta condenación indica dos cosas: 1) que “Dios está airado contra el impío todos los días” (Salmo 7:11) y 2) cuando una persona no salva muere físicamente su destino eterno será separarse de Dios y sufrir la “muerte segunda” (Apocalipsis 20:14) que debe ser condenada a vivir para siempre en la ausencia de Dios y de todo que es bueno y santo. ¿Qué perspectiva deja para la persona no salva? Debido a su pecado esa persona está separada de Dios y si muere en esa condición su destino ya está fijado. ¡Qué perspectiva tan desolada!

En la Parte 3 voy a presentar la gran mentira que muchos han sostenido en la búsqueda de la salvación.

Una Respuesta Bíblica a la Teología de la Prosperidad (Parte 3 – Implicaciones para Latinoamérica)

Published on 09/18/17

Bruce Burkholder

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La herejía abrazada por el Evangelio de la Prosperidad está tan llena de error que tal posición no es difícil de refutar. El reto no se halla en lo que se debe decir, sino en dónde se debe empezar. David Jones expone cinco errores principales del movimiento. 1

- El pacto abrahámico da el derecho a cosas materiales.

- La expiación de Jesús se extiende al “pecado” de la pobreza material.

- Los cristianos contribuyen con el fin de recibir una remuneración material de Dios.

- La fe es una fuerza espiritual, autogenerada, que conduce a la prosperidad.

- La oración es una herramienta para obligar que Dios otorgue la prosperidad.

Estos errores son tan marcados y la verdad que hacen patente son tan contrarios a la enseñanza clara de la Palabra de Dios que constituyen un Evangelio falso. “En términos sencillos, si el Evangelio de la Prosperidad es verdad, la gracia es obsoleta, Dios es irrelevante y el hombre es la medida de todas las cosas”. 2

En vista del análisis previo del Salmo 90, varias implicaciones surgen que refutan la premisa dominante de la Teología de la Prosperidad y abordan las causas fundamentales que han resultado en su crecimiento explosivo dentro de Latinoamérica.

1. La pobreza, el sufrimiento y la muerte son comunes en toda la humanidad

El salmista no mide sus palabras en su descripción del estado de la humanidad. Como resultado de la Caída, toda la humanidad es asolada por sufrimiento y muerte. Dios “vuelve al hombre hasta ser quebrantado” (Salmo 90:3), “son como sueño” (v. 5), como la hierba bajo el sol del mediodía “es cortada, y se seca” (v. 6), “son consumidos” y “turbados” (v. 7), sus años se acaban como un pensamiento” (v. 9) y los días de su vida “son setenta años; y si en los más robustos son ochenta años” (v. 10).

La petición de Moisés para la bendición divina comunica su deseo por la terminación del sufrimiento. Implícita en la enseñanza del Evangelio de la Prosperidad es la idea de que los creyentes no viven bajo “ira”. Es decir, creen que Dios quiere que los creyentes permanezcan sanos físicamente, ricos materialmente y felices personalmente. Pero, ¿prevé la petición de Moisés el fin de todo sufrimiento mientras estamos en este mundo? Ciertamente que no. Esto es evidente en varias maneras. En primer lugar, el uso repetido de los pronombres personales en primera persona (“nosotros” y “nuestro”; implícitos en español) a través de la sección de en medio del salmo indica que esta condición de sufrimiento y muerte es común para todos. Segundo, la existencia de setenta u ochenta años que se menciona en el texto sigue vigente. Toda la humanidad, los fieles así como los infieles se encuentran bajo la misma maldición de la muerte. Aún es verdad que “está establecido para los hombres que mueran una sola vez” (Hebreos 9:27). Finalmente, el hecho mismo de la petición de Moisés presupone la continuación del sufrimiento. ¿Por qué pedir por gracia si alguien ya tiene asegurada salud, riquezas y felicidad? Moisés entendió que el sufrimiento es endémico a esta vida (él mismo sufrió aun en el momento de su muerte ya que se le negó entrada a la Tierra Prometida).

Los seguidores de Cristo y aun líderes piadosos dentro del pueblo de Dios no son exentos del sufrimiento. La identificación de Moisés como el autor del salmo intensifica la comprensión de esta verdad. Moisés era un líder renombrado de Israel. Era el portavoz de Dios, habiendo ascendido dos veces al monte Sinaí donde se encontró cara a cara con Jehová. El es el autor del Pentateuco y el Padre del judaísmo. Moisés y Elías fueron los dos santos de antaño que se encontraron con Cristo en el monte de la transfiguración (Marcos 9:4). Se le llama “siervo de Dios” (Apocalipsis 15:3) y aquí en la dedicación del salmo se describe como “varón de Dios”. La idea es ésta: Ya que Moisés experimentó tal sufrimiento, ¿serían exoneradas otras personas?

2. Dios es nuestra satisfacción aun en medio del sufrimiento

En la sección final del salmo (vs. 13-17) Moisés pide que el Señor muestre gracia para aliviar el sufrimiento de Israel, y por extensión, el de la humanidad. Él exclama, “Vuélvete, oh Jehová” (v. 13). Ruega por la misericordia de Dios y dice, “cantaremos y nos alegraremos todos nuestros días”. Y pide que el tiempo de su regocijo sea “conforme a los días que nos afligiste”, y “los años en que vimos el mal” (vs. 14, 15). Además, él ora por el favor divino y que Dios confirme la obra de sus manos (v. 17).

Ciertamente, dentro del salmo uno puede sentir el deseo de Moisés—que la presente situación sea aliviada, pero el verdadero énfasis de su petición se enfoca, no en el alivio temporal o en tesoros materiales, sino en la relación que uno se tiene con Dios. Moisés pidió satisfacción en la “misericordia” de Dios (v. 14). Oró por “alegría” mediante la relación de uno con Dios (v. 15) y pidió que el “glorioso poder” de Dios fuera evidente en la obra de las manos de ellos (v. 17).

Este es el verdadero mensaje del cristianismo para América Latina y regiones más allá. Cualquier otro enfoque constituye otro Evangelio que no prepara adecuadamente a la persona para esta vida o la que sigue.

3. El hombre debe aprender a contar sus días

¿Cómo se debe responder ante la pobreza, el sufrimiento y la muerte? Mientras que el Evangelio de la Prosperidad pueda proponer la idea de contar cuánto tesoro tiene la persona, el salmista declara que el hombre debe aprender a “contar [sus] días” (v. 12). Esto incluye una evaluación concienzuda y continua de la vida. Moisés nos recuerda que la vida es corta y que tiene que ser vivida al máximo. Dios y su gracia permanecen por toda la eternidad. Esto debe ser nuestro enfoque; esta es la verdadera lección de la vida. Esto producirá un corazón de sabiduría que dará un peso y valor eternos a cada momento de la vida, a cada privación experimentada, a cada momento de hambre, enfermedad, dolor y muerte.


Notas:

1. Jones. “The Dangers of the Prosperity Gospel.”

2.  Ibid.

Una Respuesta Bíblica a la Teología de la Prosperidad (Parte 2 – Salmo 90)

Published on 09/05/17

Bruce Burkholder

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Los errores del Evangelio de la Prosperidad debilitan la fuerza de la iglesia latinoamericana y la claridad de su mensaje. Mientras que todos concordamos en que la pobreza es una condición terrible que tiene que ser abordada, aun por la iglesia, debemos asegurar que el mensaje que la iglesia da sobre dicho asunto sea fiel a la Palabra de Dios y coherente con el Evangelio.

El salmo 90 provee instrucción clara y pertinente al asunto. Mientras que no sea exhaustivo en su trato, el salmo claramente orienta al creyente a la realidad de la vida bajo la ira de Dios (v.9) y la verdadera fuente de satisfacción y gozo (vs. 14, 15).

1. Dios es eterno (vs. 1, 12) El señorío de Dios sirve como sujetalibros en este salmo. La naturaleza eterna del Dios de Israel se resalta en la primera sección. Su eternidad se enfatiza en cuatro maneras: Ha sido el refugio de Israel “de generación en generación” (v. 1), él es Dios “antes que naciesen los montes” (v. 2), antes que “formase[s] la tierra y el mundo” (v. 2), y “desde el siglo hasta el siglo” (v. 2).

2. El hombre es efímero (vs. 3-6) La transitoriedad del hombre y la eternidad de Dios, antes mencionada, están en yuxtaposición. En la perspectiva divina mil años es solo un momento. 1 Es como una memoria de ayer, una vigilia de cuatro horas en la noche, un sueño, la rapidez de una inundación pasajera, y la temporalidad de la hierba nueva bajo el calor del mediodía. Cada una de esas metáforas comunica el mismo nivel de temporalidad. La existencia de la humanidad es corta. “Cada ser humano es como una gota en la gran corriente del tiempo”. 2

La brevedad de la vida no solo se compara con la eternidad de Dios, sino que también se atribuye a sus acciones. Casi no hay duda de que “vuelves al hombre hasta ser quebrantado” (v. 3) se refiera a la maldición sobre Adán en Génesis 3:19. Con tal declaración, Dios mismo se ve como la causa de la transitoriedad de la humanidad.

3. El hombre está bajo la ira de Dios (vs. 7-12) Ya que Dios ve, oye y conoce todo, nuestras “maldades [están] delante” de él y aun “nuestros yerros [están] a la luz de [su] rostro”, (v. 8). La reiteración de la ira de Dios (vs. 7, 9, 11) comunica el mensaje primario de esta sección. Así que, los setenta u ochenta años de la humanidad son breves. Pronto pasan y volarán (v. 10).

Mientras que la tendencia humana es hacer caso omiso a la naturaleza pasajera de esta vida, el salmista aquí ora por ayuda para “contar” con sabiduría sus días. Ciertamente esto se refiere a más que un mero conteo de los años, “el significado probablemente incluye las ideas de ‘evaluación/juicio’ y cosas por el estilo. La vida no es solo para ser vivida; debe ser considerada, ponderada y comprendida. Esto produce un “corazón de sabiduría” (v. 12) para que vivamos de manera que nuestros días sean saludables y felices.

4. Petición por la gracia de Dios (vs. 13-17) En el v. 3, la humanidad se amonestó a “convertirse” y [retornar] a su Dios eterno. Ahora el salmista pide que Dios “vuelva” al hombre con gracia y que la ira de Dios se convierta en “compasión” (v. 13, RV89). Eso es exactamente lo que Moisés había pedido en Éxodo 32:12 “Vuélvete del ardor de tu ira, y arrepiéntete [cede] de este mal contra tu pueblo”.

El salmo luego termina donde había empezado, reflexionando sobre, y descansando en, la morada eterna de Israel. No puede haber duda de que el pecado perturba, consterna y destruye. Pero la gracia de Dios está disponible para todos aquellos que acudan a él.


Notas:

1. Tal vez una alusión a Matusalén quien vivió 969 años (Génesis 5:27).

2. VanGemeren, Salmos, 594.